¿Dudaron de la premisa?

Aquellas y aquellos que así lo hicieron, significa que han construido su identidad en las viejas premisas que cortan los hitos históricos del país y reflejan únicamente el rol de subordinados en un sistema y orden que está en proceso de caducar.

Por cierto, no hay nación en el mundo que no haya sido conquistado o conquistador, así que quitemos de la conciencia mexicana, el destino manifiesto de la visión de vencidos.

Estamos en la cresta, o en palabras más técnicas, en la coyuntura de un orden a otro, y que, como toda crisis-transición, genera el síntoma de caminar sin piso y sin la garantía de que algo o alguien nos de la seguridad necesaria.

Pero esa crisis global, en que ningún individuo e institución en el planeta se escapa, hay quienes lo “cachan” como una oportunidad para nuevos desarrollos, e inclusive surgen liderazgos, mientras que otros, no aceptan la condición actual de las esferas sociales, económicas, medioambientales y políticas. Darwin no se ha equivocado: el mundo es de quien mejor se adapta.

México es conocido por el mundo por tener la particular virtud de florecer en tiempos de adversidad. Así se analiza en los procesos de las civilizaciones prehispánicas, la Independencia, la reforma, la Revolución Mexicana y el “siglo de oro” mexicano. Si no lo creen, pregunten a los extranjeros que con tanta admiración vienen a ver con sus propios ojos los protagonismos de nuestra nación.

Sumado a ello, como vecinos de Estados Unidos, del que se entiende, puso las reglas del juego en este orden que está por agotarse, ha propiciado que, en nuestro territorio o de nuestra estirpe en otros países, se hayan formado caldos de cultivo ideológicos, científicos y políticos para estructurar la alternativa al dilema de las instituciones y del mercado.

El primero de los aciertos se encuentran en retomar ideológicamente el Estado de Bienestar pero con matices del siglo XXI, es decir, administrar la responsabilidad del Estado para procurar el gasto social (minimalistamente en salud, vivienda, empleo y educación) ante la desigualdad que ponen en riesgo la dinámica natural del mercado, en que, sin consumidores que tengan para el consumo, simplemente no hay mercado; más su perfeccionamiento (todavía no consolidado), para que este a la altura de las actuales dinámicas financieras, medioambientales y tecnológicas. El camino es el indicado: es el New Deal (por cierto, siglo de oro mexicano cuando se formó en el hemisferio americano), el nearshoring y añado uno más, un sistema universal de salud y educación.

Este último para su existencia (salud y educación), requiere que exista más de 90% de contribuyentes de la población económicamente activa, mejorar la infraestructura, conciliar entre el sistema público y privado por medio de la regulación de precios y calidad; así como generar incentivos inmediatos a las personas físicas con actividades empresarial para que acerquen progresivamente a los que se ubican en el mercado informa.

El segundo, es la formación de clústers aeroespaciales y de la industria creativa, los cuales, iniciaron con el procesamiento de autopartes (en el primer caso) y la producción cinematografía y de los juegos (en el segundo caso), y del que, recientemente los nuevos empresarios e investigadores han pensado en el desarrollo de patentes y nuevos ecosistemas tecnológicos. Dicho elemento apenas naciente, si tiene la inversión y el fomento de capital humano adecuado, con una planeación estratégica a largo plazo y regional, como las zonas económicas especiales chinas, implicará alcanzar el deseado escalón del primer mundo.

Otro de los puntos nodales, son la seguridad y la justicia, las cuales, son las principales problemáticas que atraviesa el país.

La seguridad es la razón del Estado, por tanto, la falta de su garantía pone en riesgo su propia existencia. Para ello, el caso de México se vierte en dos sentidos: en la inseguridad generada ante la ausencia en un largo plazo de bienestar propiciando la entrada de ingresos por actividades ilegales altamente violentas y la falta de capacidad institucional para resolver interna y externamente.

Es por tal que se requiere de una operación quirúrgica que saque el cáncer de raíz:

  • Mejorar las condiciones socioeconómicas con educación y gasto social en las regiones del país, para que, los que han sido “los soldados rasos” que entran a las filas del narcotráfico, encuentren alternativas y se distancien de la frase “rey un día, al siguiente muerto”. Básicamente la desigualdad es la madre de este problema, porque en la lógica individual de quienes han caído en ello, es que “viviendo honestamente nunca alcanzarían el sueño americano, ni siquiera les daría para traer pan a la casa”.
  • Darle escudo y espada al Estado, el primero (el escudo) representando que se acabe con el tráfico ilícito de armas, productos dañinos para la salud y la información; y el segundo (la espada) que cuenten con el equipo y el conocimiento necesario para hacer frente a los agentes concretos que detectan la inseguridad, porque al interior tenemos narcotráfico, trata de blancas y corrupción. Cada uno, aunque conectado, tiene contra llaves distintas.

En cuanto a la justicia, ahora se resuelve a favor de quien tiene con qué pagar para declarar su inocencia o provocar la improcedencia de un delito, aceptado y propiciado por la mayoría de los agentes facultados: los miembros del poder judicial. La transformación de este ciclo vicioso implica cambiar las ideas y las dinámicas de los agentes, de las que existen multitud de opciones para analizar (ahora en la escena pública y que seguramente se conoce), pero el común denominador puede encontrarse en las reglas no escritas: las mismas escuelas de formación en derecho son las que influyen en los valores y las recomendaciones para ser designados, si este se reforma, junto a una rendición de cuentas ciudadana, podríamos llegar al objetivo deseado.

Finalmente, el mercado, tiene el rol de ser el aceite para que los engranajes del sistema tengan movilidad, su calidad influye en la velocidad con que el Estado trabaje, no olvidemos que el sistema público funciona con presupuesto proveniente de cada contribuyente físico y moral; así como el dinero no significa nada, si no hay recursos naturales suficientes, así que pensemos en cadenas productivas que retornen lo que hemos quitado al planeta.

A esta hoja de ruta técnica, es necesario sumar el sentido común de grandeza de cada una y uno de nosotros, porque no hay mayor grandeza que todos sepamos que estamos destinados a ser protagonistas de la nueva época.

Lo saben, ese presentimiento no es error, las adversidades solo fueron para pulir el diamante de la gloria mexicana. Asumamos el valor.

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